Practice English Speaking&Listening with: Lag en China

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TRIBUNAL DE JUSTICIA

Ha hecho un trabajo fantástico. Fantástico.

Lo has conseguido.

Han asistido a un caso largo y complejo: asesinato en primer grado.

EI homicidio premeditado es el crimen más grave de un tribunal penal.

Han escuchado los testimonios y se ha interpretado la ley al respecto.

Ahora es su deber intentar separar los hechos de la fantasía.

Un hombre ha muerto. Está en juego la vida de otro hombre.

Si albergan una duda razonable sobre la culpabilidad del acusado,

una duda razonable, deberán emitir un veredicto de inocencia.

Si no existe duda razonable, deberán, con la conciencia tranquila,

declarar culpable al acusado.

Sea cual sea su decisión, su veredicto deberá ser unánime.

En caso de que declaren culpable al acusado,

el tribunal no acogerá una recomendación de clemencia.

La pena de muerte es obligatoria en este caso.

Van a asumir una gran responsabilidad. Gracias, caballeros.

Los jurados suplentes pueden abandonar la sala.

EI jurado debe retirarse a deliberar.

- ¿Le apetece un chicle? - No, gracias.

Esto no se mueve.

Le echaré una mano.

Ya está.

¿Sabe? Pregunté por el parte meteorológico esta mañana.

Va a ser el día más caluroso del año. Creí que tendrían aire acondicionado.

- ¿Cuál es su nombre, señor? - Ah, es... ése de ahí. Sí.

Muchísimas gracias. Está bien, caballeros. No falta nadie.

Si desean alguna cosa, estaré ahí fuera. Llamen a la puerta.

Buenos días. No sabía que cerraban con llave.

Claro que cierran con llave. ¿Qué se pensaba?

No lo sé. No se me había ocurrido.

- ¿Para qué es eso? - Por si votábamos con papeletas.

Una idea genial. Tal vez podamos elegirle senador.

- ¿Qué le ha parecido? - No sé. Ha sido muy interesante.

- ¿Sí? Yo casi me duermo. - Nunca había formado parte de un jurado.

¿No? Yo lo he sido muchas veces.

Esos abogados no paran de hablar, incluso con un caso tan claro como éste.

- ¿Había oído tanta verborrea? - Supongo que tienen derecho.

Tienen derecho. Es el sistema, pero...

yo les bajaría los humos a esos niñatos antes de que causen problemas.

Ahorra un montón de tiempo y dinero. Vamos a empezar, ¿no?

Sí. Seguro que tenemos otras cosas que hacer.

Pensaba dar un descanso de cinco minutos. Hay un señor en el baño.

¿Nos... nos vamos a sentar en orden?

Vaya, pues no lo sé. Supongo.

- Está usted en mi sitio. - Ah, discúlpeme.

Está bien.

No está mal la vista, ¿verdad?

¿Qué opina usted del caso? A mí me ha interesado mucho.

Sin ningún... punto oscuro. ¿Sabe a lo que me refiero?

Es una suerte que sea un asesinato. Creí que sería agresión o robo.

¡Ésos sí que son aburridos!

- ¿Es ése el edificio Woolworth? - Sí.

¿No es curioso? Llevo aquí toda mi vida, y jamás lo he visitado.

Hay que dejarse de tonterías, con todo eso del cine.

Sí. ¿Y qué me dice de lo de la navaja?

¡Pedirle a gente adulta que se crea ese tipo de patraña!

Eso era de esperar. Ya sabe cómo son las cosas.

Sí, supongo que sí.

Bueno, el claxon funciona. Ahora pruebe los faros.

- ¿Está resfriado? - Sí. Los catarros de verano son mortales.

Apenas puedo tocarme la nariz, ¿sabe?

Claro. Acabo de pasar uno.

- Venga, Sr. Presidente, empecemos. - Ese señor está aún en el baño.

¿Alguna noticia? No he podido leer el periódico esta mañana.

Sólo quería ver cómo ha cerrado el mercado.

- ¿Trabaja usted en la Bolsa? - Soy corredor.

Yo dirijo un servicio de mensajería.

La compañía Listos para Todo.

EI nombre se le ocurrió a mi esposa.

Tengo 37 trabajadores. Empecé sin nada.

Está bien, señores. Tomemos asiento.

Ya podemos acabar rápido. Tengo entradas para el partido de hoy.

Los Yankees contra Cleveland. Tenemos a ese chaval, Modjelewski.

Ese chico es como un toro. Ya sabe...

La lanza con efecto, ¿sabe?

No es usted aficionado al béisbol, ¿verdad? ¿Dónde nos sentamos?

He pensado que por orden, según los números del jurado.

Uno, dos, tres y demás. Si les parece bien.

- ¿Qué más da? - Parece razonable sentarse por orden.

- Hagámoslo así. - Somos doce. Uno, dos...

¿Qué impresión le ha causado el abogado de la acusación?

- ¿Decía? - Yo creo que era muy bueno,

con esa manera de tratar los puntos uno a uno, en orden lógico.

- Me ha impresionado mucho. - Se ha portado como un experto.

Y era muy dinámico, ¿verdad? Era dinámico de veras.

Está bien, señores. ¿Me atienden un minuto?

Creo que deberíamos empezar.

EI caballero de la ventana.

- Deberíamos empezar. - Ah, lo siento.

- Ese chico mató a su padre sin más. - Ocurre todos los días.

Dejan que los jóvenes anden a sus anchas.

Puede que le esté bien empleado.

- ¿Estamos todos? - EI viejo está ahí dentro.

- ¿Quiere llamar a la puerta? - Sí.

- ¿Le gustan los Yankees? - No, Baltimore.

¿Baltimore?

Eso es como recibir un golpe en la cabeza todos los días.

¿A quién tienen? ¿A quién, además de los cuidadores del césped?

- Deberíamos empezar. - Discúlpenme, caballeros.

- No quería hacerles esperar. - ¿Baltimore?

Está bien, préstenme atención. Pueden abordar este asunto como quieran.

Yo no voy... no voy a imponer ninguna regla.

Bueno, también podemos votar ahora mismo.

Creo que se suele hacer una votación preliminar.

Sí, votemos. ¿Quién sabe? Quizá podamos largarnos de aquí.

Bueno... sabemos que estamos ante un caso de asesinato en primer grado,

y si declaramos culpable al acusado, lo enviaremos a la silla eléctrica.

La pena es obligatoria.

- Somos conscientes de ello. - Sí, veamos qué opinamos.

- Bien. ¿Alguien no quiere votar? - A mí me parece bien.

Bien, recuerden que ha de ser por unanimidad, sea cual sea la decisión.

Lo dice la ley. ¿Estamos listos?

Los que voten culpable, que levanten la mano.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete...

ocho, nueve, diez, once.

Once votan culpable.

¿Quién vota inocente?

Uno. Bien.

Once culpable, uno inocente. Bueno, ya hemos opinado.

¡Vaya por Dios! Siempre hay alguno.

Y, ¿ahora qué hacemos?

- Tendremos que hablar. - ¡Vaya por Dios!

¿De verdad cree que es inocente?

- No lo sé. - Usted estuvo en la sala con nosotros.

Oyó lo mismo que nosotros. Es un asesino peligroso.

- Tiene 18 años. - Eso es edad suficiente.

Le dio una puñalada en el pecho a su propio padre.

Lo han demostrado de varias maneras en el juicio.

- ¿Quiere que se lo repita? - No.

- Entonces, ¿qué quiere? - Sólo quiero hablar.

¿De qué hay que hablar? Once creemos que es culpable.

Nadie se lo ha pensado dos veces, salvo usted.

Quiero preguntarle algo. ¿Cree usted a ese chico?

- No lo sé. Quizá no. -¿Por qué ha votado inocente?

Había once votos de culpable.

No es fácil levantar la mano y enviar a un chico a la muerte sin hablar antes.

- ¿Quién ha dicho que es fácil? - Nadie.

¿Por qué? ¿Sólo porque voté rápido? Pienso sinceramente que es culpable.

No cambiaría de idea aunque hablara 100 años.

No intento hacerle cambiar de opinión.

Pero es una vida humana. No se puede decidir así.

- Suponga que nos equivocamos. - Suponga que se cae el edificio.

- Se puede suponer cualquier cosa. - Precisamente.

¿Qué importa el tiempo que tardemos? ¿Qué pasa si son cinco minutos?

Démosle una hora. EI partido no empieza hasta las ocho.

- ¿Alguien quiere decir algo? - Estoy dispuesto a quedarme.

- Genial. Anoche me contaron que... - No estamos aquí para eso.

Está bien, dígamelo usted. ¿Para qué estamos aquí?

No lo sé. Tal vez para nada.

Miren, ese chico se ha pasado la vida recibiendo patadas.

Nació en un barrio pobre, perdió a su madre a los nueve años.

Pasó año y medio en un orfanato

mientras su padre estaba en la cárcel por falsificador.

No es un comienzo muy feliz.

Ha sido rebelde y arisco toda su vida. Y, ¿saben por qué?

Porque ha recibido palos cada día, todos los días.

Son unos 18 años muy tristes. Creo que le debemos unas palabras, eso es todo.

Voy a decirle una cosa: no le debemos nada. Ha tenido un juicio justo.

¿Cuánto cree que cuesta ese juicio? Ha tenido suerte. ¿Me entiende?

Miren, todos somos adultos. Hemos oído los hechos, ¿no?

No irá a decirme que hemos de creer a ese chico, sabiendo lo que es.

He vivido entre ellos toda mi vida.

No se les puede creer una palabra. Usted lo sabe. Nacen diciendo mentiras.

- Sólo un ignorante podría pensar eso. - Espere un...

¿Se cree que nació con el monopolio de la verdad?

A este hombre habría que explicarle un par de cosas.

- No es domingo. No queremos sermones. - Tenemos trabajo que hacer. Hagámoslo.

Copos de arroz. Uno de los productos de mi agencia.

"EI desayuno con vitalidad propia."

- La frase es mía. - Muy pegadiza.

- ¿Le importa? - Disculpe. Se me va la lengua.

- Me hace pensar con claridad. - Tenemos trabajo.

No tiene sentido pasarnos aquí la vida. Está bien.

Quizá el caballero del final debería decir por qué no está de acuerdo.

Díganos qué piensa, y tal vez podamos decirle en qué se equivoca.

Tengo una idea. Creo que deberíamos convencer a este caballero de que

no tiene razón y nosotros sí. Si le dedicamos un par de minutos cada uno...

- Era sólo una idea. - No, no, no. Es buena.

¿Y si hacemos una ronda?

Creo que es usted el primero.

Es difícil decirlo con palabras.

Sólo creo que es culpable.

Fue obvio desde el principio. Nadie demostró lo contrario.

No se ha de demostrar lo contrario. EI peso de la prueba es de la acusación.

EI acusado ni siquiera debe abrir la boca. Está en la Constitución.

Claro, ya lo sé. Lo que quiero decir es...

Bueno... creo que es culpable. Alguien vio cómo lo hacía.

Eso es. Lo mismo pienso yo. Y no es nada personal.

Sólo quiero hablar de hechos.

Número uno.

EI viejo que vivía en el piso de abajo de donde se cometió el crimen.

A las 12.10, la noche del crimen, oyó mucho ruido.

Dijo que parecía una pelea.

Y oyó al chico gritar: "Te mataré".

Acto seguido oyó un cuerpo caer al suelo.

Corrió hacia la puerta y vio al chico bajar las escaleras y salir de la casa.

Llamó a la policía y encontraron al padre con una navaja en el pecho.

EI forense dijo que había muerto sobre la medianoche.

Eso son hechos. Y los hechos son irrefutables. EI chico es culpable.

Soy tan sentimental como el que más. Sé que sólo tiene 18 años.

- Pero tiene que pagar por sus actos. - Estoy de acuerdo.

- Está bien. ¿Ha terminado? - Sí.

Para mí es obvio que la historia del chico resulta poco sólida.

Dijo que estaba en el cine,

pero no se acordaba de las películas que vio ni de los protagonistas.

- Cierto. - Y no le vio nadie en el cine.

¿Y la vecina? Si su testimonio no lo prueba, ya me dirá usted.

- Exacto. Ella presenció el crimen. - Señores, por favor. Vayamos por orden.

Sólo un instante. Tenemos una mujer...

Una mujer tumbada en la cama. No puede dormir. Se muere de calor.

Mira por la ventana, y al otro lado de la calle

ve cómo el chico le clava la navaja a su padre.

A las 12.10 en punto. Todo encaja.

Conoce al chico de toda la vida.

Su ventana está al otro lado de las vías del tren. Juró que le vio.

A través de las ventanillas de un tren.

EI tren no llevaba pasajeros. Lo estaban llevando al centro.

Las luces estaban apagadas y se demostró que de noche

se puede mirar a través de ellas y ver lo que ocurre al otro lado.

- Quedó demostrado. - Me gustaría preguntarle una cosa.

Usted no cree al chico. ¿Por qué cree a la mujer?

Son de la misma calaña, ¿no?

- Es usted muy listo, ¿verdad? - Ya está bien, caballeros.

- Vamos, siéntese. - ¿Por qué sabe tanto? Le digo...

Vamos. No vamos a llegar a ninguna parte peleándonos.

- ¿A quién le toca ahora? - A él. AI número cinco.

¿Puedo... puedo abstenerme?

Bien... está en su derecho.

¿Qué hay del siguiente caballero?

Bueno... no lo sé.

Yo empecé a convencerme nada más plantearse el caso.

Verán... estaba buscando un motivo.

Eso es muy importante, porque si no hay móvil, no tiene sentido ¿no?

EI testimonio de la gente del otro lado del pasillo, junto al piso del chico,

eso es concluyente. ¿No mencionaron algo sobre una pelea, una discusión

entre el padre y el hijo, sobre las siete de aquella tarde?

- Podría equivocarme, pero... - A las ocho, no a las siete.

Hubo una discusión. Oyeron cómo el padre le pegaba dos veces al chico.

Luego vieron al chico salir corriendo de casa, enfadado. ¿Qué prueba eso?

No prueba nada. Es sólo parte de la escena.

Ha dicho que ése fue el motivo. Lo mismo dijo la acusación.

No es un motivo muy decisivo.

Ese chico ha recibido tantos palos que la violencia es casi...

algo cotidiano para él.

No puedo creer que dos bofetadas le hicieran cometer un asesinato.

Tal vez colmaran el vaso. Todo el mundo tiene un límite.

¿Alguna cosa más?

- No. - Bien. ¿Usted qué opina?

No lo sé. Ya se ha dicho todo.

Podríamos pasarnos la vida hablando, y seguiríamos con lo mismo.

Ese chico es culpable. Miren su historial.

Con diez años estuvo en el tribunal de menores por tirar una piedra al profesor.

A los 15, fue a un reformatorio por robar un coche.

Ha sido detenido por atraco. Arrestado dos veces por lucha con arma blanca.

Dicen que tiene mucha maña con la navaja. Sí, es un niño modelo.

Desde que tenía cinco años, su padre le pegaba sistemáticamente. Con los puños.

Yo también lo haría. ¿Con un hijo así?

Hay que ver cómo son los jóvenes de hoy.

Cuando yo era niño, llamaba a mi padre "señor".

Como lo oyen. ¿Han oído a algún hijo llamar así a su padre?

Los padres ya no parecen darle importancia a eso.

- ¿Tiene usted hijos? - Tres.

Yo tengo uno.

Tiene 22 años.

Cuando tenía nueve, huyó de una pelea.

Lo vi. Y me avergoncé tanto que estuve a punto de vomitar.

Le dije: "Te voy a hacer un hombre aunque te parta en dos en el intento".

Bueno, pues le hice un hombre.

Cuando tenía 16 años, nos peleamos.

Me pegó en la mandíbula. Es un chico muy fuerte.

Hace dos años que no le veo.

Los hijos.

Te dejas la piel trabajando...

- Está bien, sigamos. - Nos estamos desviando del tema.

Ese chico es producto de un hogar destrozado y un barrio deprimido.

Pero estamos aquí para decidir si es inocente o culpable,

no para investigar por qué se volvió de esa manera.

Nació en un suburbio. Es un lugar propicio para el crimen.

No es ningún secreto que esos chicos son una amenaza para la sociedad.

Tiene razón. Los chicos que salen de esos lugares son verdadera basura.

- No quiero saber nada de ninguno. - Yo... he vivido siempre en un suburbio.

- Un momento. - Se lo ruego...

He jugado en patios repletos de porquería.

- Tal vez aún se note el olor. - Escuche, hijo...

No sea así. No es nada personal.

Vamos. No iba por usted. No nos pongamos tan susceptibles.

Pues yo entiendo su susceptibilidad.

Está bien. Dejemos la discusión. Estamos perdiendo el tiempo.

Le toca a usted. Adelante.

Creí que estaba excluido. Pensé que iban a tratar de convencerme.

- Ésa era la idea. - Tiene razón.

Estamos aquí por su culpa. Oigamos lo que tenga que decir.

Un momento. Decidimos hacerlo así y debemos ser consecuentes.

Déjese ya de niñerías, ¿quiere?

- ¿Me está llamando niño? - ¿Y qué, si no? N-l-Ñ-O: niño.

¿Sólo porque intento que esto esté organizado?

Tome usted la responsabilidad. Yo mantendré la boca cerrada.

- ¿Por qué se exalta? Cálmese. - No me diga que me calme.

¿Quiere presidir la sesión? Adelante.

¿Habían visto alguna vez algo así?

- ¿Cree que es divertido? - Olvídelo, hombre. No importa.

¿No importa? Hágalo usted.

Nadie quiere cambiar. Lo está haciendo fenomenal.

Sí, magníficamente, hombre. Siga usted en su puesto.

Muy bien, que hable alguien.

Bueno, si quieren saber mi opinión, me parece bien.

- Hagan lo que se les antoje. - Bien. No es nada extraordinario.

Sólo sé lo mismo que ustedes.

Según los testigos, el chico parece culpable. Tal vez lo sea.

Me he pasado seis días en esa sala escuchando cómo presentaban pruebas.

Todo el mundo parecía muy seguro.

Empecé a tener una extraña sensación con este juicio. No hay nada tan seguro.

Me habría gustado hacer preguntas. Quizá no sirvieran de nada, pero...

Yo creo que la defensa no realizó un contra-interrogatorio exhaustivo.

Dejó escapar muchas cosas. Detalles.

¿Qué detalles? Cuando no preguntan,

es porque ya saben las respuestas.

Podría ser que el abogado fuera estúpido, ¿no? Es posible, vamos.

Habla como si hubiera conocido a mi cuñado.

Me puse en el lugar de ese chico. Yo habría solicitado otro abogado.

Si me jugara la vida en un juicio,

querría que mi abogado hiciera pedazos a los testigos del fiscal, o lo intentara.

Sólo hay un supuesto testigo presencial de este crimen.

Otra persona dice que oyó algo y vio al chico salir corriendo,

y luego hay pruebas circunstanciales.

Pero esos testigos son la base de la acusación.

¿Y si se equivocaran?

¿Cómo? Entonces, ¿para qué sirven los testigos?

- ¿No pueden equivocarse? - Declaran bajo juramento.

Son humanos, y como tal cometen errores. ¿No pueden equivocarse?

- Bueno, no. Creo que no. - ¿Está seguro?

Nadie puede estar seguro. No es una ciencia exacta.

Precisamente, no lo es.

Venga, vayamos al grano.

¿Qué hay de la navaja en el pecho del padre?

Algunos aún no han hablado. ¿No podríamos ir en orden?

Ya tendrán oportunidad de hablar. Cállese un segundo, ¿quiere?

¿Y la navaja que ese chico modelo admitió que compró la noche del crimen?

- Hablemos de eso. - Que la traigan y le echamos un vistazo.

- Querría verla de nuevo. ¿Sr. Presidente? - ¿Por qué tenemos que verla otra vez?

EI caballero tiene derecho a examinar las pruebas.

- ¿Podría traernos la navaja? - ¿La navaja?

La navaja y el modo en que se compró son pruebas sólidas, ¿no creen?

- Yo creo que sí. - Bien. Veamos los hechos uno a uno.

Uno: el chico admitió que se fue de casa a las ocho de la tarde

después de recibir varias bofetadas.

No. No dijo "bofetadas", sino "puñetazos". No es lo mismo.

Después de recibir varios golpes de su padre.

Dos: fue directo a la tienda del barrio, donde compró una de esas...

- Navajas automáticas. - Navajas automáticas.

No era una navaja cualquiera. La hoja y el mango estaban grabados.

EI tendero dijo que nunca había tenido una igual.

Tres: quedó con unos amigos en un bar sobre las 8.45. ¿Voy bien hasta aquí?

- Sí. - Claro que sí.

Habló con sus amigos durante una hora, y los dejó a las 9.45.

Durante ese rato, vieron la navaja automática.

Cuatro: en el juicio, identificaron el arma homicida como la misma navaja.

Cinco: llegó a casa sobre las diez.

Aquí es donde la historia del fiscal y la del chico difieren.

EI chico dice que fue al cine sobre las 1 1 .30,

volvió a casa a las 3.10, encontró a su padre muerto y fue arrestado.

También dice que los dos detectives le arrojaron escaleras abajo.

¿Y la navaja? Según él, se le cayó por un agujero del bolsillo

de camino al cine, entre las 1 1 .30 y las 3.10,

Creo que está claro que el chico no fue al cine aquella noche.

Ningún vecino le vio salir. Nadie en el cine le identificó.

Ni siquiera recordaba el nombre de las películas que vio.

Lo que ocurrió en realidad fue esto:

el chico se quedó en casa, tuvo otra pelea con su padre,

Io mató de un navajazo y se marchó de casa a las 12.10.

Hasta eliminó las huellas dactilares de la navaja.

¿Me está diciendo que esta navaja se le cayó por un agujero del bolsillo,

alguien la recogió, fue a casa del chico

y mató a su padre sólo para ver si estaba afilada?

No, pero es posible que perdiera la navaja

y otra persona matara a su padre con una navaja similar.

Eche un vistazo a esta navaja.

Es una navaja muy peculiar.

Nunca había visto una igual. Tampoco el tendero que se la vendió al chico.

¿Nos pide que aceptemos una coincidencia increíble?

- Sólo digo que es posible. - Y yo digo que no lo es.

¿De dónde ha sacado eso?

- ¡Es idéntica! - ¿Qué pretende?

- ¿Dónde la ha comprado? - Anoche fui a dar un paseo.

Por el barrio del chico.

La compré en una casa de empeños a dos manzanas de su casa. Seis dólares.

Comprar o vender navajas automáticas va contra la ley.

- Sí. He infringido la ley. - Ha sido un truco muy bueno.

Ahora dígame qué es lo que demuestra.

- Tal vez haya diez navajas así. - ¡Tal vez las haya!

¿Y qué? Encontró una navaja igual. ¿Qué es? ¿EI descubrimiento del siglo?

¿Cree que otro cometió el crimen con una navaja exactamente igual?

- Es una posibilidad entre un millón. - ¡Es posible!

- Pero no es muy probable. - Está bien, señores. Sentémonos.

No sirve de nada estar de pie por toda la sala.

Es interesante que haya encontrado una navaja idéntica a la del chico.

- ¿Qué tiene de interesante? - Sólo creí que era interesante.

Once de nosotros creemos que es culpable.

¿Adónde quiere llegar? No cambiará la opinión de nadie.

Si quiere alargar esto, adelante.

EI chico será juzgado de nuevo y hallado culpable. Está clarísimo.

Probablemente tengan razón.

¿Qué va a hacer? Podríamos estar aquí toda la noche.

Sólo es una noche. Un chico podría morir.

Bueno, y ¿por qué no nos instalamos aquí?

Que alguien traiga una baraja,

y echaremos unas manitas aquí mismo.

- No deberíamos bromear. - ¿Qué quiere que haga?

No sé qué tiene que ver la navaja con todo esto.

Alguien vio al chico apuñalar a su padre. ¿Qué más quieren?

Ya está bien de tanta palabrería.

Tengo tres garajes yéndose al garete, así que acabemos y larguémonos.

La navaja era importante para el fiscal del distrito. Le dedicó...

Era un ayudante o algo así. ¿Qué sabrá él?

Vamos a tranquilizarnos. Estas discusiones nos hacen perder tiempo.

- ¿Y bien? - Es usted el único.

Tengo una proposición que hacerles. Quiero que volvamos a votar.

Quiero que los once...

voten por escrito y en secreto.

Yo me abstendré. Si hay once votos de culpable, lo acataré.

Presentaremos un veredicto de culpabilidad ahora mismo.

Pero si alguien vota inocente, nos quedaremos aquí y hablaremos.

- Muy bien. Si quieren, estoy listo. - Está bien. Hagámoslo de ese modo.

A mí me parece justo. ¿Todos de acuerdo? ¿Alguien se opone?

Muy bien, vayan pasando esto.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Culpable.

Inocente.

Culpable.

- ¿Qué les ha parecido eso? - ¡Otro que mueve las alas!

Muy bien. ¿Quién ha sido? Vamos, quiero saberlo.

Disculpe. Era una votación secreta. Todos lo acordamos, ¿no?

Si el caballero desea guardar el secreto...

¿Secreto? No hay secretos en un jurado. Yo sé quién ha sido.

Hermano, es usted de cuidado. Votó culpable, como los demás,

y luego un predicador con pico de oro le parte el corazón

con un chico barriobajero que no pudo evitar asesinar,

y usted cambia su voto. Es lo más repugnante que...

¿Por qué no le echa una moneda en el cepillo?

Espere un... Oiga usted, no puede hablarme así. ¿Quién se cree que es?

Cálmese, cálmese. No importa.

- Es muy nervioso. Siéntese. - ¿Nervioso? ¡Claro que lo soy!

Queremos mandar a un culpable a la silla eléctrica.

¡Nos viene uno con cuentos de hadas, y le escuchamos!

- Hombre, genial. - Lo sabía.

- ¿Quiere que le diga por qué? - No, no quiero que me lo diga.

- Quiero decirlo, si no le importa. - ¿Tenemos que tragarnos esto?

- Este señor desea hablar. - Gracias.

Este caballero se ha enfrentado solo a todos nosotros.

No dice que el chico sea inocente.

Sólo que no está seguro. No es fácil estar solo ante la burla de los demás.

Ha pedido apoyo y yo le he dado el mío. Respeto sus motivos.

Es probable que el chico sea culpable, pero quiero oír más.

La votación está diez a dos. ¡Estoy hablando! ¡No puede irse así!

No le escucha. Jamás lo hará. Sentémonos.

- ¿Continuamos? - Deberíamos hacer un descanso.

Hay un hombre ahí dentro y creo que debemos esperarle.

Parece que estamos bastante atascados, ¿no?

Me refiero a que nadie se esperaba lo del viejo.

Ojalá se me ocurriera la manera de acabar de una vez.

¿Sabe? En publicidad... ¿Le he dicho que trabajo en una agencia?

Allí trabaja gente muy rara. Bueno, en realidad no son raros.

Es que tienen una manera peculiar de expresarse.

Supongo que en su profesión será igual.

- ¿A qué se dedica? - Soy relojero.

¿De veras? Se ve que los mejores relojeros del mundo son europeos.

Bueno, en la agencia, cuando llegamos a algo así...

Digo que en la agencia, cuando en una reunión ocurre algo así,

siempre hay alguien que tiene una gran idea, ¿saben?

Me parto de risa. Lo más curioso es

el modo en que a veces presentan la idea con una frase.

Por ejemplo, algún jefe se pone en pie y dice:

"Tengo una idea. Pongámosla en el mástil de la bandera, a ver si alguien saluda".

Es una idiotez, pero es gracioso.

Me he puesto algo nervioso antes.

Yo... no quería ser desagradable.

Me alegro de que no sea de los que se dejan influir por sentimentalismos.

No sé qué le pasa a ese ventilador.

- ¿Es usted vendedor? - Soy arquitecto.

¿Sabe usted lo que es la venta persuasiva?

Pues usted vale para eso, créame.

Yo tengo una técnica distinta.

Risas, copas, chistes, trucos... ¿me entiende?

Sí.

EI año pasado gané 27.000 vendiendo mermelada.

No está mal. Teniendo en cuenta que era mermelada.

¿Qué saca usted con esto? ¿Le divierte?

¿O es que le dieron un golpe en la cabeza y no lo ha superado?

- Tal vez. - Los buenos chicos son todos iguales.

Siempre pierden la cabeza por un tipo que la ha fastidiado.

¿Por qué nos hace perder el tiempo?

¿Por qué no dona cinco dólares a la causa? Quizá le haga sentirse mejor.

Ese chico es culpable, amigo.

Está más claro que el agua. ¿Por qué perdemos más tiempo?

Si seguimos así, nos dolerá a todos la garganta.

¿Qué diferencia hay entre que le duela aquí o en el partido?

Ninguna, amigo.

No hay ninguna diferencia.

- Menuda pandilla, ¿eh? - Son personas como cualquiera.

¡Vaya día más criminal!

- ¿Cree que tardaremos mucho? - No lo sé.

Seguro que es culpable. No me cabe la menor duda.

Deberíamos... Deberíamos haber terminado ya.

A mí no me importa, ¿sabe?

Es mejor que trabajar.

- Cree que no es culpable, ¿eh? - No lo sé. Es posible.

No le conozco, pero apuesto a que no ha estado más equivocado en su vida.

Pierde el tiempo. Debería dejarlo ya.

Suponga que es usted a quien están juzgando.

No soy muy dado a suponer. Sólo soy un trabajador.

Mi jefe es el que supone. Pero...

Lo intentaré por una vez.

Suponga que nos convence a todos y...

que el chico mató de verdad a su padre, ¿eh?

¿Está listo?

Lo siento, ojos azules.

- ¿Dónde iba a estar? - Está bien, señores.

- Parece que cenaremos aquí. - Bueno, vamos al asunto.

- ¿Quién quiere empezar? - Yo.

- De acuerdo, adelante. - Usted, el del final.

EI viejo que vive abajo dice que oyó al chico gritar: "Te mataré".

Acto seguido oyó desplomarse el cuerpo.

Corrió a la puerta y vio al chico salir de la casa. ¿Qué dice a eso?

Me pregunto cómo pudo oír tan claro al chico a través del techo.

No fue así. La ventana estaba abierta, y la de arriba también. Hacía calor.

Era otro piso. No es fácil identificar una voz al gritar.

La identificó ante el tribunal.

La vecina de enfrente miró por la ventana abierta y vio el navajazo.

- ¿No es eso bastante? - No, no lo es.

¿Qué les parece este tipo? Es como hablar con la pared.

Dice que le vio a través de las ventanillas de un tren.

Había seis vagones. Lo vio a través de los dos últimos.

Recordaba hasta el mínimo detalle. No veo cómo se puede rebatir eso.

¿Alguien tiene idea de lo que puede tardar un tren elevado...

Esto no es ningún juego.

¿Han visto eso?

¡Es el colmo! ¡Esto es el colmo!

- Olvídelo. No tiene importancia. - ¿Esto no es un juego?

- ¿Quién se cree que es? - Olvídelo.

¿Alguien sabe lo que puede tardar ese tren en pasar

- por un punto a velocidad media? - ¿Qué tiene que ver?

Adivine.

- No tengo ni idea. - ¿Qué piensa usted?

- No lo sé. ¿Diez, doce segundos? - Va bien encaminado. ¿Alguno más?

- A mí me parece bien. - ¿Ahora jugamos a las adivinanzas?

- ¿Qué dice? - Diez segundos.

¿Adónde quiere llegar?

Un tren de seis vagones tarda diez segundos en pasar por un punto.

Digamos que ese punto es la ventana abierta de la habitación del crimen.

Casi puedes sacar la mano y tocar las vías, ¿verdad?

Una pregunta. ¿Ha vivido alguien cerca de la vía del tren elevado?

Acabo de terminar de pintar un piso que daba a esa vía. Tardé tres días.

- ¿Cómo era? ¿Ruidoso? - ¡Vaya si lo era! Era ensordecedor.

Yo vivía en un piso cerca de esa línea.

Con la ventana abierta, el ruido es casi insoportable.

- Apenas te oyes a ti mismo. - ¿Quiere usted ir al grano?

Lo haré. Ahora, tomemos estos dos testimonios e intentemos unirlos.

Primero: el viejo del piso de abajo.

Dice que oyó al chico decir: "Te mataré",

y acto seguido, oyó desplomarse un cuerpo.

- Acto seguido. - Exacto.

Segundo: la vecina de enfrente

juró que miró por la ventana y presenció el crimen

a través de los dos últimos vagones. Los dos últimos.

- ¿Adónde quiere llegar? - Espere un momento.

Estamos de acuerdo en que un tren tarda diez segundos en pasar por un punto.

Ya que la mujer vio el crimen a través de los dos últimos vagones,

podemos suponer que el cuerpo cayó al suelo mientras pasaba el tren.

Por lo tanto, el tren pasó haciendo ruido junto a la ventana del viejo

durante diez segundos enteros antes de que cayera el cuerpo.

EI viejo tuvo que oír "te mataré" y la caída del cuerpo un segundo después,

y tuvo que oír las palabras del chico ¡con todo el estruendo del tren!

- No es posible que lo oyera. - Por supuesto que sí.

- ¿Eso cree? - Dice que gritaba a pleno pulmón.

No pudo identificar la voz con el ruido del tren.

Fueron segundos. No se puede ser tan preciso.

Un testimonio que puede enviar a un chico a la silla eléctrica debe serlo.

- No creo que lo oyese. - Quizá no lo oyera, con todo ese ruido.

- ¿Qué están diciendo? - Parece razonable que no lo oyera.

- ¿Por qué iba a mentir? ¿Qué ganaría? - Atención, quizá.

Ya está bien de frases bonitas. ¡Véndaselas a un periódico!

¿Por qué le habla usted así?

Un hombre que le habla así a un anciano merece una lección.

Procure tener más respeto, señor.

Si vuelve a hablarle así... Le voy a partir la cara.

Adelante. Diga lo que le parezca.

¿Por qué iba a mentir el viejo?

Le estuve observando detenidamente.

Tenía la chaqueta descosida por debajo del hombro.

¿Se dieron cuenta? Así no se debe asistir a un juicio.

Era un hombre muy viejo, con una chaqueta raída.

Y se acercó muy despacio al estrado.

Arrastraba la pierna izquierda, e intentaba que no se le notara,

porque le daba vergüenza.

Creo que conozco a ese hombre mejor que ninguno de ustedes.

Es un viejo callado, asustado

e insignificante, que...

que no ha sido nadie en la vida.

Nadie ha reconocido su valía, ni su nombre ha salido en los periódicos.

Nadie le conoce. Nadie habla de él.

Nadie le pide consejo a sus 75 años.

Caballeros, eso es algo muy triste: ser insignificante.

Un hombre así tiene que hacerse notar, hacer que le escuchen.

Una sola mención sería muy importante para él.

Sería muy difícil para él permanecer en el olvido.

Un momento. ¿Está diciendo que mintió para ser importante por una vez?

No. No es que mintiera.

Pero quizá se autoconvenció de que oyó esas palabras

y reconoció la cara del chico.

Es lo más inverosímil que he oído jamás.

¿Cómo puede inventarse algo así? ¿Qué sabe usted de todo eso?

- ¿Alguien quiere una pastilla para la tos? - Yo sí.

Sigo sin ver cómo pueden pensar que no es culpable.

Hay una cosa más que quisiera comentar en un minuto. Gracias.

Hemos probado que el viejo no pudo oír al chico decir: "Te mataré".

- ¡Usted no ha probado nada! - Espere. ¿Y si es verdad que lo oyó?

¿Cuántas veces hemos usado esa frase? Seguro que miles de veces.

"Es para matarte." "Si lo haces otra vez, te mato." "Rocky, mátale".

- No quiere decir que mataríamos a nadie. - La frase fue: "Te mataré".

Ese chico gritó a pleno pulmón.

No me diga que no iba en serio. EI que lo dice así, va en serio.

Bueno, no sé. Yo discutí con mi compañero de trabajo en el banco

hace un par de semanas. Me llamó idiota, y yo le grité.

Este tipo pretende que crean lo que no es cierto.

EI chico dijo que lo mataría y lo mató.

¿De verdad piensa que el chico gritaría para que todo el vecindario se enterase?

- Es demasiado listo. - ¿Listo? Es un vago ignorante.

Siquiera sabe hablar bien.

Ni siquiera sabe hablar bien.

Sr. Presidente, me gustaría cambiar mi voto a inocente.

- ¿Qué? - Ya me ha oído.

- ¿Está seguro? - Sí, estoy seguro.

La votación está nueve a tres para culpable.

Esto es el colmo de los colmos.

¿En qué se basa? ¿En las historias que se inventa este tipo?

Debería escribir en una revista de detectives chiflados. Se forraría.

Por el amor de Dios, hasta el abogado sabía que no tenía ninguna posibilidad.

EI abogado lo sabía desde el principio, y se le notaba.

¡Vaya por Dios! Les digo que este tipo es increíble.

- ¿Tiene algo que decir? - Los abogados no son infalibles.

- Baltimore, por favor. - Era un abogado de oficio.

- ¿Qué quiere decir eso? - Mucho.

O no quería el caso, o lo aceptó a su pesar.

Es el tipo de caso que no da dinero, ni gloria, ni oportunidad de ganar.

No es muy prometedor para un joven abogado.

Hay que creer al cliente para preparar una buena defensa. Y él no le creía.

¡Pues claro que no!

¿Quién narices le creería?

Tal vez la madre de alguien, o algo así.

Miren. ¿Han visto qué hora es? Venga ya.

Discúlpeme. He tomado unas notas,

y me gustaría decir algo.

He estado escuchando atentamente y...

me parece que este hombre está planteando cosas muy importantes.

Según lo que vimos en el juicio, el chico, en principio, parece culpable.

- Pero si profundizamos... - Acabe ya, ¿quiere?

Me gustaría preguntar una cosa.

Supongamos que el chico cometió realmente el asesinato.

Eso ocurrió a las doce y diez.

Ahora bien, ¿cómo le atrapó la policía?

Volvió a casa... a las tres, más o menos,

y fue arrestado por dos detectives en el pasillo de su edificio.

Mi pregunta es: si de verdad mató a su padre,

¿por qué volvió a su casa tres horas después?

¿No tenía miedo de ser detenido?

Volvió a por su navaja. No está bien dejar navajas en el pecho de la gente.

Sí, sobre todo si es un pariente.

No le veo la gracia.

EI chico sabía que podían identificar la navaja.

- Tenía que cogerla antes que la policía. - Si sabía que podían identificarla,

¿por qué iba a dejarla allí?

Podemos suponer que huyó presa del pánico. Acababa de matar a su padre.

Cuando se serenó, se acordó de la navaja.

Entonces, eso depende de su definición de pánico.

Tuvo la calma suficiente para borrar las huellas dactilares de la navaja.

¿Dónde empezó el pánico, y dónde terminó?

Usted ha votado culpable. ¿De qué lado está?

No creo que deba lealtad a ninguno de los dos bandos.

- Sólo estoy preguntando. - Esto se me acaba de ocurrir, pero

si lo hubiera hecho yo, me habría arriesgado a volver por la navaja.

Seguro que creía que no le habían visto huir

y no descubrirían el cadáver hasta el día siguiente.

AI fin y al cabo, fue en plena noche. No lo encontrarían hasta el día siguiente.

Disculpe. A eso me refiero.

La vecina de enfrente dijo que, justo después de presenciar el crimen,

o sea, justo después de pasar el tren,

dio un grito y fue a llamar a la policía.

Está claro que el chico tuvo que oír ese grito.

Por tanto, sabía que alguien había visto algo.

Yo creo que no habría vuelto.

Dos cosas. Una: puede que no oyera el grito. Tal vez no fuera muy alto.

Dos: si lo hizo, puede que no lo relacionara con su acto.

Vivía en un barrio donde los gritos eran habituales.

- Ahí tiene una respuesta. - Tal vez. Tal vez lo hiciera.

No oyó el grito, huyó presa del pánico,

después se tranquilizó y volvió por la navaja, arriesgándose a ser detenido.

Tal vez sucediese, pero tal vez no.

Ni siquiera estamos seguros de si estuvo allí a la hora del crimen.

¿Qué quiere decir? ¿Acaso el viejo no le vio salir de su casa?

Está tergiversando los hechos.

Ese viejo, ¿vio al chico o no huir de la casa a las 12.10?

¿Dice que sí? ¿Qué les parece?

- Los testigos pueden equivocarse. - ¡Cuando quiere usted!

- ¡O cuando quiere él! - Dejen de gritar.

Quizá hagan falta un par de gritos. No paran de andarse por las ramas.

Que si oyó el grito, que si no lo oyó... ¿qué más da?

Hablan de pequeños detalles y se olvidan de lo importante.

- Propongo otra votación. - Estoy hablando yo.

Se propone otra votación.

Ahora, sentémonos.

Nunca he visto perder tanto tiempo con nada.

Será sólo un segundo.

Supongo que lo más rápido es saber quién vota inocente.

Los que voten inocente, que levanten la mano.

Sigue igual. Uno, dos, tres de inocencia. Nueve de culpabilidad.

¿Qué es esto? Estaremos de cháchara hasta el martes. ¿Adónde llegaremos?

Perdón. Yo voto inocente.

¿Qué ha dicho? Creo que nos estamos volviendo todos locos.

Ese chico es culpable. ¿Por qué no aceptan los hechos?

Dígaselo. Esto empieza a ser ridículo.

La votación está ocho a cuatro a favor de culpable.

¿Qué es esto? ¿La Semana del Amor al Hermano Desvalido?

Quiero que me diga por qué ha cambiado su voto. Quiero razones.

No tengo por qué defender mi decisión. Tengo una duda razonable.

¿Duda razonable? Palabrería. Mire esto.

AI chico que usted dice que es inocente le vieron clavándole esto a su padre.

- Ah, genial. - Les digo que esto es una locura.

¿Qué se supone que debemos creer? Está inventando historias de la nada.

Un tipo así, con una silla de ring en el combate entre Dempsey y Firpo,

se pondría a decir que...

Y, ¿qué hay del viejo?

¿Debemos pensar que no vio al chico bajar las escaleras

15 segundos después del crimen? Quiere hacerse el importante, ¿no?

- ¿Qué sentido tiene todo esto? - Espere.

Ya estamos otra vez con el de Baltimore.

- A confundir las bolas malas con puntos. - Un segundo. Mire.

- ¿EI viejo dijo que corrió hacia la puerta? - ¿Qué más da?

- Llegó hasta allí, ¿no? - Dijo que corrió. AI menos, eso creo.

No me acuerdo, pero no sé cómo pudo ir corriendo.

Dijo que fue de la habitación a la puerta. ¿No es suficiente?

- ¿Dónde estaba la habitación? - AI final del pasillo.

- ¿No se acuerda de eso? - No.

- Quiero un plano de ese piso. - ¿Por qué no lo juzgamos de nuevo?

Usted es el único que quiere ver las pruebas.

- Pues yo también. - Y yo quiero dejar de perder el tiempo.

Si va a empezar otra vez con esas tonterías sobre...

Querría saber cómo un viejo que arrastra una pierna porque sufrió una apoplejía

puede ir de su habitación a la puerta en 15 segundos.

- Él dijo 20. - Dijo 15.

- 20. ¿A quién quiere confundir? - Dijo 15.

¿Cómo iba a saber que fueron 15 segundos?

Dijo 15 segundos. Estaba seguro de ello.

Era un viejo, y estaba hecho un lío.

¿Cómo puede estar seguro de nada?

No sé lo que intenta demostrar. Ese hombre dijo que vio huir al chico.

Veamos los detalles. Cuando el cuerpo cayó al suelo,

dice que oyó pasos arriba, corriendo hacia la puerta.

Oyó abrirse la puerta, y los pasos comenzaron a bajar.

Llegó hasta su puerta lo más rápido posible. Si el asesino huyó de inmediato...

- Tal vez no lo hiciera. - EI viejo dijo que sí.

Debería ir a una convención para discutir tonterías.

¿Por qué no deja de hacerse el listillo?

Amigo, para ganarse los tres dólares al día, tiene que escuchar de todo.

Éste es el piso. EI del viejo está justo debajo y es idéntico.

Las vías del tren, la habitación, salón, cocina, baño, pasillo y las escaleras.

EI viejo estaba en esta habitación.

Dice que cruzó el umbral y el pasillo, abrió la puerta

justo a tiempo para ver al chico bajar las escaleras. ¿Voy bien?

Ésa es la historia. Van 19 veces.

- 15 segundos después de caer el cuerpo. - Correcto.

Ahora, veamos. Había...

Hay cuatro metros de la cama a la puerta. EI pasillo tiene 13 metros.

Tuvo que andar cuatro metros, abrir la puerta de la habitación,

caminar 13 metros más y abrir la puerta. Todo en 15 segundos.

- ¿Creen que pudo hacerlo? - Claro.

Camina muy despacio. Le ayudaron a subir al estrado.

- Ni que fuera una distancia enorme. - Para un viejo así, lo es.

- ¿Qué está haciendo? - Voy a intentar hacerlo.

¿Cómo? ¿Por qué no lo planteó su abogado?

- Tal vez no se le ocurrió. - ¿Cree que es idiota? Es obvio.

- ¿Lo pensó usted? - Eso no importa. No lo planteó

porque sabía que iría en su contra.

O porque habría significado intimidar a un anciano indefenso.

Esas cosas no le gustan al jurado. Los abogados lo evitan.

- ¿Qué clase de memo era? - Eso me pregunto yo.

Páseme la silla. Esas dos son la cama del viejo.

He medido cuatro metros. Ésta es la puerta del cuarto.

Esto es de locos. No puede reconstruir algo así.

EI pasillo tenía 13 metros. Caminaré hasta esa pared y volveré.

Esto es una locura. ¿Por qué nos hace perder el tiempo a todos?

Según usted, sólo eran 15 segundos. Podemos perder ese tiempo.

Vamos, pare ya.

Está bien. Está bien, fortachón.

Sí.

¿Quiere ponerse ahí y hacer de puerta principal? Tenía una cadena.

- ¿Quién tiene reloj con segundero? - Yo.

Cuando quiera que empiece, dé un pisotón. Será el cuerpo al caer.

- ¿Qué es esto, un jueguecito? - ¿A qué estamos esperando?

Quiero esperar hasta que el segundero llegue a 60.

Vamos, más deprisa. EI viejo caminaba el doble de rápido.

Si quiere que camine más rápido, lo haré.

- Cadena, cerrojo. Párelo. - Eso es.

¿Cuánto he tardado?

Exactamente... 41 segundos.

Creo que esto fue lo que ocurrió. EI viejo oyó la pelea horas antes.

En la cama, oyó desplomarse el cuerpo,

oyó gritar a la mujer, fue hasta la puerta lo más rápido que pudo,

oyó correr a alguien y supuso que era el chico.

- Creo que es posible. - ¿Supuso?

Hermano, en mi vida he oído toda clase de mentiras,

pero este espectáculo se lleva la palma.

Viene aquí a defender a esos chicos de los suburbios contra la injusticia.

Les cuenta un cuento de hadas. Y convence a unos cuantos sensibleros.

Pues a mí no me convence. Ya estoy harto.

¿Qué les pasa? ¡Saben que es culpable! ¡Tiene que pagar!

- Se nos escapará de las manos. - ¿Se nos escapará de las manos?

- ¿Es usted su verdugo? - Soy uno de ellos.

- ¿Activaría usted mismo la corriente? - Con este chico, lo haría.

Le compadezco. ¡Debe de ser terrible tener ganas de matar!

Desde que llegó, ha actuado como un vengador público autoproclamado.

Quiere ver morir a ese chico porque le apetece, no por los hechos.

- Es usted un sádico. - Es us...

¡Suéltenme! ¡Le mataré! ¡Le mataré!

¿No dirá en serio lo de matarme, verdad?

- ¿Ocurre algo? He oído jaleo. - No, no pasa nada.

Tuvimos... una discusión amistosa. Ya hemos terminado con el plano.

Puede llevárselo si quiere. Aquí tiene.

¿Qué están mirando?

- Alguien tendrá que seguir. - Si me permiten...

Si me permiten. ¿Por qué es tan ceremonioso?

Por la misma razón que usted no lo es. A mí me educaron así.

Tanta pelea... No estamos aquí para pelear.

Tenemos una responsabilidad.

Siempre he pensado que esto es lo importante de la democracia.

Que a nosotros se nos...

¿Cómo se dice?

Notifica. Se nos notifica por correo que hemos de venir aquí

a decidir si es culpable o inocente un hombre... al que jamás hemos visto.

No tenemos nada que ganar ni que perder con... nuestro veredicto.

Ésa es una de las razones por las que tenemos poder.

No deberíamos convertirlo en... algo personal.

Si nadie más tiene una idea, creo que tengo una buena.

Voy a exponerla, a ver si alguien muerde el anzuelo.

- ¿Si alguien muerde el anzuelo? - Sí. EI chico...

Está poniéndose muy negro. Vamos a tener tormenta.

¡Vaya por Dios! Hace mucho calor, ¿eh?

- Disculpe, pero... ¿usted no suda nunca? - No, nunca.

Escuchen, yo... Me preguntaba si...

Tal vez... quizá deberíamos votar otra vez.

Genial. ¡Ésta podríamos animarla con baile y refrescos!

- ¿Sr. Presidente? - A mí me parece bien.

¿Alguien no quiere votar? ¡Eh, venga!

- Lo siento. - Creo que debería ser un voto abierto.

En voz alta, ¿saben? Vamos a dar la cara.

A mí me parece justo. ¿Alguna objeción?

Bien. Diré sus números de jurado. ¿Uno?

Ah, ése soy yo. Yo voto culpable. ¿Dos?

Inocente.

¿Número tres?

Culpable.

¿Número cuatro?

Culpable.

¿Número cinco?

Inocente.

¿Número seis?

Inocente.

¿Número siete?

Culpable.

¿Número ocho?

Inocente.

- ¿Número nueve? - Inocente.

- ¿Número diez? - Culpable.

¿Número once?

Inocente.

¿Número doce?

¡Número doce!

Culpable.

La votación está empatada a seis.

Habrá que jugar una prórroga.

¡Seis a seis! Les digo que aquí hay gente que ha perdido la cabeza.

¡Un chico así!

No creo que el tipo de chico que sea tenga nada que ver.

- Los hechos determinan el caso. - ¡Anda ya!

Estoy harto de hechos. ¡Pueden manipularse de muchas maneras!

Eso es precisamente lo que este caballero intenta decir.

Y usted sigue gritando todo lo que puede...

Ojalá tuviera unos años menos. Si ese hombre se pusiera...

- Qué calor hace aquí. - ¿Quiere agua?

No, no. Gracias. Gracias.

- Va a llover. - ¿Qué dice usted ahora, fortachón?

- ¿Por qué ha cambiado su voto? - Me pareció que había dudas.

- Esa historia no se sostiene. - No estoy de acuerdo.

- Se omitieron muchos detalles. - Ya. Buena suerte.

¡Venga ya! Usted es como los demás. Si piensa demasiado, se hace un lío.

- ¿Sabe a qué me refiero? - No creo que tenga derecho alguno a...

Bocazas.

¡Qué manera de llover!

Esto me recuerda a una tormenta que hubo en...

¿Fue en noviembre? No lo sé. Más o menos.

Una tormenta de las grandes. En mitad de un partido.

Íbamos perdiendo, siete a seis. Movíamos la bola, íbamos al choque.

Cortábamos por el centro, entrábamos y avanzábamos...

Y...

Teníamos a un chico... Slattery.

Era un toro. Un toro de verdad.

Ojalá tuviera otro igual. Ah, no se lo había dicho.

Soy el segundo entrenador del instituto Andrew J. McCorkle.

Está en el barrio de Queens.

Bueno... pues estábamos moviéndonos muy bien.

Y su línea estaba a punto de... a punto de derrumbarse.

Y comenzó a llover a cántaros, como ahora.

¡Llovía... así! ¡Qué manera de caer!

Bueno, pues fue una pena, ¿sabe?

Se lo juro. Yo... casi lloro. Es que... no podíamos hacer nada.

Bueno...

¡Eh! ¿Qué le pasa al ventilador? ¿Cómo es que...?

Debe de ir conectado a la luz.

Bueno, esto está mucho mejor.

Sí.

Así está mejor.

¡Eh! Dos puntos.

¿Han estado alguna vez en el Madison Square Garden?

Eso ha sido una solemne estupidez.

Lo siento. Yo...

Ya sabe.

Disculpe.

Bueno, ¿qué le parece? Empatados. Sorprendente, ¿no es cierto?

Sí.

¿Lo que... ha ocurrido antes, cuando ese tipo alto intentaba provocarme?

Eso no prueba nada. Soy una persona... temperamental.

¿Qué es eso de llamarme vengador público y sádico?

Cualquiera en su sano juicio habría perdido los estribos.

Sólo intentaba provocarme.

Pues lo hizo muy bien.

Así no vamos a ninguna parte.

Voy a hablar con el juez y declarar nulo este jurado.

- No tiene sentido seguir. - Yo también voto por eso.

Que sean otros los que decidan la suerte del chico.

EI juez no lo aceptará. No llevamos suficiente tiempo.

- Vamos a averiguarlo. - A mí no me parece oportuno.

Ese chico no tendría posibilidad alguna con otro jurado.

Vamos, estamos empatados. Nadie va a cambiar su voto.

- ¿No hay una duda razonable? - No.

Quizá no termine de entender el término "duda razonable".

¿Cómo que no lo entiendo?

¿Qué os parece este tipo? Les digo que son todos iguales.

Vienen a este país, y antes de tomar aire

ya nos están diciendo cómo hacer las cosas.

- ¡Qué arrogante es! - Bueno, ya está bien.

Dejemos de discutir un par de minutos.

¿Nadie tiene algo constructivo que decir?

Yo querría comentar algo si no les importa, caballeros.

Uno de los puntos fuertes del fiscal fue que, cuando el chico afirmó que

estaba en el cine cuando ocurrió el crimen,

no se acordaba de las películas ni de sus protagonistas.

- EI caballero ha comentado el tema. - Correcto.

Era la única coartada del chico, y no podía defenderla con ningún detalle.

Si estuviera en su lugar, ¿cree que recordaría detalles,

tras una experiencia traumática como que tu padre te abofetee?

Creo que sí, si hubiera algún detalle especial.

EI chico no recordaba los nombres porque no estuvo en el cine.

Según el informe de la policía, fue interrogado en la cocina,

cuando el cadáver de su padre yacía aún en la habitación.

¿Cree que recordaría detalles?

- Yo sí. - ¿Con esa tensión emocional?

- Con esa tensión emocional. - Durante el juicio se acordaba.

Sí. AI abogado le costó horrores sacárselos.

Hasta el juicio, tuvo tres meses para memorizarlos.

Para un abogado, no sería difícil averiguar el programa de aquella noche.

Yo me quedo con el testimonio que dio justo después del crimen,

y entonces no recordó nada del cine, con tensión emocional o sin ella.

- ¿Puedo preguntarle algo personal? - Adelante.

- ¿Dónde estuvo anoche? - En casa, toda la noche.

- ¿Y la noche anterior? - ¿Qué es esto?

No importa. Salí de la oficina a las 8.30 y me fui directo a la cama.

- ¿Y la noche anterior a ésa? - Eso fue... martes por la noche.

- Jugué al bridge. - ¿EI lunes por la noche?

Cuando lleguen a Nochevieja de 1954, avísenme.

¿EI lunes? EI lunes por la noche... mi esposa y yo fuimos al cine.

- ¿Qué vieron? - EI círculo escarlata. De detectives.

- ¿Y la segunda película? - La...

Se lo diré enseguida. La...

La extraordinaria Sra....

Nosequé.

Bainbridge. La extraordinaria Sra. Bainbridge.

La he visto. Se llama La asombrosa Sra. Bainbridge.

Eso. La asombrosa Sra. Bainbridge.

¿Quién salía en La asombrosa Sra. Bainbridge?

Barbara... Long, me parece.

Una chica morena muy guapa.

- Ling o... Long. Algo así. - ¿Quién más?

No los había oído nunca.

Era una segunda película de ésas baratas, con desconocidos...

Y no estaba usted bajo tensión emocional, ¿verdad?

No.

No lo estaba.

- Creo que ha quedado muy claro. - ¡Ya ve!

Puede hablar hasta arrastrar la lengua por el suelo. Ese chico es culpable.

¿Me comprende, amigo mío?

- ¿Le queda alguna pastilla para la tos? - Se han acabado, amigo mío.

¡Vaya! Miren cómo llueve. Se acabó ese partido suyo.

Es sólo un chaparrón.

Además, el campo está cubierto.

¿Podría ver esa navaja un momento, por favor?

Seguimos empatados a seis. ¿Alguna sugerencia?

- Son las 6.05. Vamos a cenar. - ¿Por qué no esperamos hasta las siete?

Por mí, bien.

Me gustaría decir una cosa. Llevo un rato dándole vueltas,

y ya que estamos empatados...

Es sobre lo del navajazo, y el modo en que se atestó.

- En ángulo descendente. - No empecemos con eso otra vez.

- Lo hemos comentado hasta la saciedad. - Sí, pero no estoy de acuerdo.

Ese chico medía 1 ,65 m. Y su padre 1 ,85 m.

Una diferencia de 20 centímetros.

Es muy extraño apuñalar en el pecho a alguien mucho más alto que tú.

Alcánceme eso.

Haré una demostración. Que alguien se levante.

Fíjense bien, porque no quiero repetirlo.

Ahora voy a hacerme unos 20 centímetros más bajo.

- Más o menos. Quizá un poco más. - Está bien, un poco más.

Tranquilos... No pasa nada.

- ¿Verdad? - Verdad. No pasa nada.

Así es como yo apuñalaría a un hombre más alto que yo.

Observen el ángulo. Hacia abajo y adentro.

Y así es como se hizo. Díganmelo si me equivoco.

- Abajo y adentro. No hay duda. - Espere un momento.

¿Quiere darme eso?

¡Cómo odio estos chismes!

- ¿Ha visto una pelea con navajas? - No.

¿Alguien ha visto alguna vez una pelea con navajas?

Pues yo sí. Ya saben, el patio de atrás, la gente de mi calle...

Las navajas eran muy corrientes en mi barrio.

Es curioso que no lo pensara. Supongo que intento olvidarlo.

- ¿Cómo se usa una navaja automática? - Jamás se usa así.

Se pierde demasiado tiempo cambiando la mano.

Así es cómo se hace. Hacia arriba.

Cualquiera que haya usado una no la cogería de otra forma.

- ¿Está seguro? - Estoy seguro.

- Por eso se abren así. - EI chico sabía manejar la navaja.

¿Cree que pudo causar la herida que mató a su padre?

No. No con la experiencia de toda una vida con estas cosas.

- Habría sido hacia arriba. - ¿Cómo lo sabe?

- ¿Estaba presente cuando lo mataron? - No. No había nadie.

¿A qué vienen esas paparruchas? Yo no me lo creo.

No creo que pueda saberse qué herida ha podido hacer,

sólo porque ese chico sepa manejar una navaja.

- ¿Usted qué opina? - No lo sé.

- ¿Cómo que no lo sabe? - No lo sé.

- ¿Y usted? - No sé lo que opinan los demás,

pero yo me estoy cansando de tanta cháchara. Así no vamos a ninguna parte.

Será cuestión de acabar con el empate. Cambio mi voto a inocente.

- ¿Qué? - Ya me ha oído. Estoy harto.

- ¿Harto? Eso no es una respuesta. - Oiga, ocúpese de sus asuntos.

- ¿De acuerdo? - Tiene razón.

Eso no es una respuesta.

¿Qué clase de hombre es usted?

Se sentó ahí y votó culpable como todo el mundo

porque tiene entradas para un partido de béisbol que le queman en el bolsillo.

¿Y ahora cambia su voto porque dice que está harto de tanto hablar?

- Oiga, amigo... - ¿Quién le ha dado derecho

a jugar así con la vida de un hombre? ¿No le importa...?

Espere un momento. No permito que me hable así.

Claro que puedo hablarle así. Si quiere votar inocente,

hágalo porque está convencido, no porque está harto.

Y si piensa que es culpable, vote en consecuencia.

¿Es que no tiene agallas para hacer lo que cree justo?

- Escúcheme... - ¿Culpable o inocente?

- Ya lo he dicho. Inocente. - ¿Por qué?

- Oiga, no estoy obligado a... - Sí lo está. Dígalo. ¿Por qué?

Yo... no creo que sea culpable.

- Quiero que volvamos a votar. - Está bien, se propone otra votación.

Lo más rápido será levantar la mano. ¿Alguna objeción?

Está bien, los que voten inocente, que levanten la mano.

Uno, dos, tres,

cuatro, cinco, seis, siete...

ocho.

Nueve.

Los que voten culpable, que levanten la mano.

Uno, dos, tres.

La votación está nueve a tres a favor de la absolución.

No les entiendo. ¡Todas esas pequeñeces que están comentando

no significan nada! Ustedes vieron al chico, igual que yo.

¿No me dirán que se creen esa mentira de que perdió la navaja

y que estuvo en el cine?

Miren, ya saben cómo miente esa gente. Es algo innato.

¡Qué diablos! No hace falta decirlo. No saben lo que es decir la verdad.

Tampoco necesitan una razón de peso para matar a una persona.

No, señor. Se emborrachan. Son todos unos borrachos de cuidado.

Suena un disparo y aparece un cuerpo tirado por ahí.

Nadie les está culpando. Son así por naturaleza.

¿Me entienden? Son violentos. ¿Adónde va?

Para ellos, la vida humana no significa tanto como para nosotros.

Se pasan la vida bebiendo y peleándose todo el rato.

¡Y si alguien muere, pues muere! ¡Les trae sin cuidado!

También tienen cosas buenas, claro. Soy el primero en reconocerlo.

He conocido a un par que no eran malos, pero son la excepción.

La mayoría parece no tener sentimientos. Son capaces de todo.

¿Qué está pasando aquí?

Intento decirles que están cometiendo un grave error.

¡Ese chico es un embustero! ¡Lo sé! Los conozco muy bien.

¡Escúchenme! ¡No sirven para nada!

No hay ni uno que merezca la pena.

¿Qué está ocurriendo aquí?

Me toca hablar a mí, y ustedes...

¡Escúchenme!

Yo... Estamos... Estamos...

Ese chico que estamos juzgando. ¿No conocen a los de su calaña?

¡Son... son un peligro!

¡Esa gente es peligrosa!

¡Son... salvajes!

¡Escúcheme! ¡Escúcheme!

Le he escuchado. Ahora siéntese y no vuelva a abrir la boca.

Sólo quería... decirlo.

Con un asunto así, es difícil no mezclar los prejuicios personales.

Por una u otra razón, los prejuicios siempre empañan la verdad.

Yo no sé cuál es la verdad.

Y supongo que nadie lo sabrá jamás.

Nueve de nosotros creemos que el acusado es inocente.

Estamos jugando con probabilidades. Quizá nos equivoquemos.

Tal vez hagamos que un hombre culpable salga impune. No lo sé.

Nadie puede saberlo. Pero tenemos una duda razonable.

Y eso es algo muy valioso en nuestro sistema.

Ningún jurado puede declarar culpable a un hombre si no está seguro.

Nosotros nueve no entendemos por qué están ustedes tres tan seguros.

- Quizá nos lo diga usted. - Lo intentaré.

Ha sido muy elocuente, pero sigo creyendo que el chico es culpable.

Tengo dos razones. Una: el testimonio de la vecina de enfrente,

que fue testigo presencial del crimen.

Ése es el testimonio más importante.

Y dos: que describiera el apuñalamiento

diciendo que vio cómo el chico alzó el brazo

y dio un navajazo en el pecho a su padre.

- Le vio hacerlo. Hacia abajo. - Tiene toda la razón.

Hablemos un momento de esa mujer.

Dice que aquella noche se fue a la cama sobre las once.

Tenía la cama junto a la ventana, y desde allí

podía ver la habitación del chico, en la acera de enfrente.

Pasó más de una hora intentando dormir.

Finalmente, se giró hacia la ventana a eso de las 12.10

y, al darse la vuelta, vio el crimen a través de las ventanillas de un tren.

Dijo que se fue la luz después del asesinato,

pero que vio claramente cómo el chico apuñalaba a su padre.

Por lo que a mí respecta, es un testimonio irrefutable.

- Ésa es la base del caso. - ¿Qué opina usted?

¿Y usted?

No sé. Son muchas pruebas a considerar. Es un asunto bastante complicado.

Francamente, no sé cómo ha podido votar por la absolución.

- No es tan fácil ordenar las pruebas. - Olvidemos las demás pruebas.

Esa mujer le vio hacerlo. ¿Qué más quiere?

- Bueno, tal vez... - Vamos a votar.

Muy bien, se propone otra votación. ¿Alguna objeción?

Está bien. Cambio mi voto.

- Es culpable. - ¿Alguien más? Son ocho contra cuatro.

¿Por qué se lo toma como un triunfo personal? Es sólo un voto.

Yo digo que este jurado es nulo, y que hay que someterlo al juez.

¿Qué opinan? Quiero argumentos.

Usted es el líder de la causa. ¿Qué tiene que decir?

- Vamos a repasarlo de nuevo. - Ya lo hemos repasado.

EI chico del traje de franela gris va de un lado a otro como una pelota de tenis.

No tiene por qué ser desagradable. Esto no es ninguna competición.

Está bien.

Quizá podamos fijar un límite de tiempo.

Sí. Acabemos de una vez por todas.

Son... Ias 6.15. Alguien mencionó las siete.

Llegado ese momento, podremos decidir si somos un jurado nulo o no.

- ¿No se encuentra bien? - Estoy perfectamente, gracias.

Decía que las siete sería una hora razonable...

Le pregunto porque se estaba frotando la nariz como si...

Oh, siento interrumpirle.

Pero es que ha hecho un gesto que me ha recordado algo.

- Intento organizar esto. - Creo que es importante.

Gracias. Ahora... seguro que me disculpará,

pero me pregunto por qué se frotaba así la nariz.

Déjelo ya, ¿quiere?

Pues resulta que ahora estoy hablando con el caballero que tiene a su lado.

¿Por qué se frotaba así la nariz?

No sé si le incumbe, pero lo hacía porque me molesta un poco.

Cuánto lo siento. ¿Es por... es por culpa de sus gafas?

Lo es. Ahora, ¿podemos pasar a otro asunto?

Las gafas le han dejado esas marcas que tiene a los lados de la nariz.

No me había dado cuenta. Debe de ser un fastidio.

Un verdadero fastidio.

Yo no sé lo que es eso. Jamás he llevado gafas. Veo perfectamente.

Oiga, ya está bien de hablar de optometría.

La mujer que testificó que presenció el crimen

tenía esas mismas marcas a los lados de la nariz.

¡Cielo santo! Tiene razón, ¿saben?

Por favor. Concédanme un minuto... y habré terminado.

No sé si alguien más se dio cuenta de aquello.

En el momento no lo pensé, pero he estado pensando en su cara.

Tenía las mismas marcas. Se frotaba la nariz en el juicio.

Tiene razón. No paraba de hacerlo.

Esa mujer tenía unos 45 años.

Estaba haciendo un esfuerzo tremendo para aparentar 35.

Era su primera aparición pública. Mucho maquillaje. EI pelo teñido.

Ropa nueva, con un estilo más joven.

Sin gafas. Las mujeres son así. Intenten imaginársela.

¿Cómo que sin gafas? ¿Cómo sabe que usaba gafas?

- ¿Porque se frotaba la nariz? - Tenía esas marcas. Las vi.

- ¿Y qué? ¿Qué quiere decir eso? - Estoy harto de sus gritos...

Tranquilo. Olvídelo.

¡Eh, oiga! Tiene razón. Yo también las vi. Era el que estaba más cerca.

Tenías esas cosas a ambos lados de la nariz.

¿Qué intenta decir? EI pelo teñido, marcas en la nariz. ¿Qué significa eso?

Esas marcas, ¿podrían deberse a otra cosa que no fueran las gafas?

No. Sólo a eso.

Yo no vi ninguna marca.

Yo sí. Es curioso, pero no lo había pensado antes.

¿Por qué no dijo nada el abogado?

Aquí hay 12 personas concentradas en este caso.

- A once tampoco se nos ocurrió. - ¿Qué hay del fiscal del distrito?

¿Cree que haría una cosa así? ¿La dejaría testificar sin gafas?

¿No ha visto nunca una mujer que no se pone las gafas por coquetería?

Está bien. Tenía marcas en la nariz. Eso lo reconozco.

Usaba gafas, ¿no? No quiere llevarlas fuera de casa

para que la gente piense que es una preciosidad.

Pero cuando vio a ese chico matar a su padre estaba en casa, sola.

Eso es todo.

¿Lleva usted las gafas cuando se va a la cama?

Claro que no. Nadie lleva gafas para dormir.

Es lógico suponer que ella tampoco las llevaba en la cama, intentando dormir.

- ¿Cómo lo sabe? - No lo sé. Estoy suponiendo.

También supongo que no se las puso al girarse casualmente hacia la ventana.

Ella declaró que el crimen se cometió justo cuando miró.

Se fue la luz. No le dio tiempo a ponerse las gafas.

Otra suposición. Ella cree de verdad que vio al chico matar a su padre.

- Yo creo que sólo vio un borrón. - ¿Cómo sabe lo que vio?

¿Cómo sabe todo eso? ¿Cómo sabe qué gafas llevaba?

¡Tal vez eran de sol! ¡Quizá ve bien de lejos! ¿Qué sabrá usted?

Sólo sé que se está cuestionando la vista de esa mujer.

Tuvo que identificar a una persona a 20 metros, de noche, sin gafas.

No se puede enviar a nadie a la muerte con pruebas así.

¡No me vengan con eso!

- ¿No pudo cometer un error? - No.

- ¿No es posible? - No, no es posible.

¿Es posible?

Inocente.

¿Cree que es culpable?

Yo creo que es culpable.

¿Y usted?

No.

Me ha convencido. Inocente.

- ¿Qué le ocurre ahora? - Tengo una duda razonable.

- Once contra uno. - ¿Qué pasa con las demás pruebas?

¿Qué pasa con todo lo demás? ¿La... Ia navaja? ¿Todo aquello?

Bueno, usted mismo dijo que olvidáramos las demás pruebas.

Y ahora ¿qué hacemos?

Está solo.

No me importa si estoy solo o no. Estoy en mi derecho.

Está en su derecho.

Bueno, ¿qué quieren? Yo digo que es culpable.

- Queremos oír sus argumentos. - Ya les he dado mis argumentos.

No estamos convencidos. Queremos oírlos de nuevo.

Tenemos todo el tiempo que haga falta.

Todo. Hasta el último detalle de lo que vimos en esa sala indica que es culpable.

¿Qué se piensan? ¿Que soy idiota o algo así?

¡Piense en lo del viejo, que vive allí y lo oyó todo!

O lo de la navaja. ¿Encontraron una idéntica?

¡Ese viejo le vio! ¡Allí mismo, en las escaleras!

¿Qué importa cuántos segundos tardara?

Hasta el último detalle. La navaja cayó por un agujero en el bolsillo.

¡No puede probar que no llegó hasta la puerta!

¡Tómese el tiempo que quiera, cojee por la sala, pero no puede probarlo!

Y, ¿qué hay del asunto del tren? ¿Y lo del cine?

Éste es el engaño más claro que he oído en mi vida.

Les apuesto 5.000 dólares a que yo recordaría las películas que vi.

Les digo que todo lo que ha ocurrido ha sido manipulado.

¿Y lo de las gafas? ¿Cómo saben que no las llevaba puestas?

¡Esa mujer testificó bajo juramento en un juicio!

¿Qué me dicen de los gritos del chico? ¿Eh?

Les digo que están todos los hechos aquí.

En...

Bueno, eso es todo. Ahí está el caso.

¿Y bien?

¡Digan algo!

Maldita pandilla de sensibleros.

No me van a intimidar. Tengo derecho a tener mi opinión.

Malditos hijos... ¡Toda la vida trabajando!

No...

Inocente.

Inocente.

Hemos terminado.

¡Eh!

- ¿Cómo se llama? - Davis.

Yo me llamo McCardle.

- Bueno, hasta la vista. - Hasta la vista.

FIN

Subtítulos de Visiontext: Toni Navarro

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